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Día de Nunca Rendirse: El deporte como aliado de la salud mental

Lunes 17 de agosto de 2026 - 14.14 horas


Más allá del rendimiento o la competencia, el movimiento puede convertirse en una herramienta para fortalecer la autoestima, la disciplina, la perseverancia y los vínculos sociales.


La efeméride fue fundada en 2019 por el belga Alain Horoit, también conocido como Mr. Never Give Up. Nació tras una etapa personal difícil en la que su creador lo perdió casi todo. Desde entonces, se ha expandido a nivel global con proclamaciones en decenas de ciudades y países.

La psicóloga Liz Aguiar explica que la capacidad de afrontar situaciones difíciles, conocida como resiliencia, no significa evitar el sufrimiento ni mantenerse fuerte en todo momento. Se trata de aprender a adaptarse, reconocer las emociones, buscar apoyo y encontrar nuevas formas de avanzar. Esta capacidad puede desarrollarse progresivamente a través de experiencias, vínculos saludables, hábitos de autocuidado y aprendizajes emocionales.

En este proceso, el deporte ocupa un lugar importante. Practicar una actividad física permite establecer objetivos, reconocer avances y comprender que los resultados no siempre son inmediatos. También enseña a aceptar los errores, tolerar la frustración, modificar estrategias cuando algo no funciona y volver a intentarlo. Son aprendizajes que pueden trasladarse a otros ámbitos de la vida cotidiana, como los estudios, las relaciones personales y los desafíos propios de cada etapa.

Para las nuevas generaciones, incorporar movimiento resulta especialmente importante frente al tiempo que muchas veces se destina a celulares, videojuegos, computadoras y otras pantallas. No se trata de eliminar estos recursos, sino de generar un equilibrio que incluya momentos para moverse, compartir y desarrollar actividades fuera del entorno digital.

Caminar, andar en bicicleta, bailar, nadar, practicar fútbol, vóley u otro deporte en equipo, realizar ejercicios de fuerza o movilidad, jugar activamente con amigos o familiares e incluso utilizar las escaleras son alternativas que pueden incorporarse de acuerdo con la edad y las condiciones de cada persona. Lo importante es encontrar una actividad que resulte agradable y sostenible, evitando convertirla en una fuente adicional de presión.

El deporte también favorece la interacción con otras personas. En niños y adolescentes, participar de actividades grupales puede ayudar a desarrollar cooperación, respeto, comunicación y sentido de pertenencia. Compartir objetivos y experiencias permite comprender que cada integrante tiene capacidades diferentes y que los resultados pueden construirse mediante el esfuerzo colectivo.

Desde el punto de vista emocional, uno de los principales aprendizajes está relacionado con la perseverancia. Perder un partido, no alcanzar una marca, equivocarse durante un entrenamiento o necesitar más tiempo para aprender una habilidad son experiencias que pueden transformarse en oportunidades para desarrollar tolerancia a la frustración. El objetivo no es evitar los errores, sino aprender a manejarlos y continuar.

Aguiar destaca que perseverar tampoco significa insistir a cualquier costo. En determinadas circunstancias, detenerse, descansar, cambiar de estrategia o pedir ayuda constituye una decisión saludable. “Nunca rendirse” no implica negar el cansancio ni esconder las emociones, sino comprometerse con el propio bienestar y avanzar respetando los tiempos personales.

La especialista recuerda además que el bienestar emocional no depende de un único factor. Dormir adecuadamente, mantener una alimentación variada, realizar actividad física, contar con vínculos saludables y disponer de espacios para expresar las emociones forman parte de un cuidado integral. Estos hábitos no eliminan las dificultades, pero pueden proporcionar mejores recursos para enfrentarlas.

En el caso de niños y jóvenes, el acompañamiento de padres, madres, cuidadores, docentes y referentes deportivos también cumple un papel importante. Escuchar sin minimizar lo que sienten, evitar comparaciones y reconocer los esfuerzos, más allá de los resultados, ayuda a construir confianza y permite que los menores comprendan que pedir ayuda no representa una debilidad.

En este contexto, el Día de Nunca Rendirse propone una reflexión que va más allá de la idea de resistir. Para niños y jóvenes, el mensaje puede traducirse en aprender a intentarlo nuevamente, aceptar que no todo sale como se espera, reconocer los propios límites y entender que cada proceso tiene su propio ritmo.

La perseverancia, finalmente, no consiste en no caer ni en mantenerse fuerte todo el tiempo. Consiste en reconocer cuándo es necesario avanzar, cuándo corresponde descansar y cuándo es importante pedir acompañamiento. Para niños y jóvenes, aprender esta diferencia desde temprana edad puede convertirse en un recurso valioso para enfrentar los desafíos del presente y construir una vida más saludable y equilibrada.