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Cómo fortalecer las defensas en adultos mayores: una mirada preventiva desde la nutrición

Jueves 9 de julio de 2026 - 12.19 horas


“Hablar de “defensas” en los adultos mayores no significa buscar soluciones mágicas ni depender exclusivamente de suplementos. Significa cuidar, todos los días, los pilares que permiten que el organismo responda mejor frente a infecciones, procesos inflamatorios, heridas, internaciones y enfermedades crónicas. En esta etapa de la vida, la prevención debe ocupar un lugar central” según destacó el Lic. Daniel Ferreira, nutricionista del departamento de Programas de Salud.


Con el envejecimiento, el sistema inmunológico experimenta cambios naturales. A esto pueden sumarse la pérdida de masa muscular, menor apetito, dificultades para masticar o tragar, enfermedades crónicas, uso de varios medicamentos, menor exposición al sol y, en algunos casos, aislamiento social.

“Por lo tanto, fortalecer las defensas en la persona adulta mayor requiere una mirada integral: alimentación adecuada, hidratación, actividad física, descanso, vacunación, controles médicos y acompañamiento familiar” señaló. 

La alimentación como primera herramienta preventiva
“Una alimentación completa y suficiente es una de las bases más importantes para conservar la salud inmunológica. La Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte que los adultos mayores con desnutrición o deficiencia de vitaminas y minerales son más vulnerables a infecciones, sarcopenia y deterioro general de la salud”.

“En la práctica, esto significa que no alcanza con “comer poco, pero sano”. El adulto mayor necesita comer alimentos de buena calidad nutricional y en cantidad suficiente. Una dieta muy restrictiva, monótona o pobre en proteínas puede debilitar la masa muscular, reducir la fuerza y afectar la recuperación ante enfermedades”.

Proteínas: clave para músculos y defensas
“La proteína cumple un papel fundamental en el mantenimiento de la masa muscular, la cicatrización, la producción de defensas y la recuperación del organismo. En los adultos mayores, la pérdida de músculo no es solo un problema estético: aumenta el riesgo de caídas, dependencia, internaciones y menor respuesta frente a enfermedades”.

“Por ello es recomendable incluir una fuente de proteína en cada comida principal. Algunas opciones accesibles y habituales son: huevo, leche, yogur, queso, carne magra, pollo, pescado, legumbres, soja y preparaciones enriquecidas cuando estén indicadas”. 

Las guías de nutrición geriátrica reconocen la importancia de prevenir y tratar la malnutrición y la deshidratación en personas mayores mediante estrategias nutricionales adecuadas.

Un desayuno con leche o yogur, huevo o queso; un almuerzo con carne, pollo, pescado o legumbres y una cena que vuelva a incluir proteína son medidas simples que pueden marcar una gran diferencia”. 

“Como nutricionista mi enfoque debe ser preventivo, humano y práctico. La meta no es solamente vivir más años, sino vivirlos con más fuerza, autonomía y calidad de vida. Cuidar la nutrición del adulto mayor es cuidar su independencia, su dignidad y su futuro” finalizó.