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¿Influye el clima con los dolores articulares?

Jueves 26 de febrero 2026 - 13.47 hs.


Para hablar de esta patología el Dr. Rodrigo Acosta médico reumatólogo de  la Policlínica IPS Ingavi  nos explica  qué dice la fisiología y qué recomendaciones prácticas pueden ayudar.


Las variaciones climáticas son uno de los temas que más inquietan a los pacientes con enfermedades reumáticas. Muchos refieren que “notan” la lluvia antes de que llegue o que el calor intenso empeora sus síntomas. 

Muchos pacientes con artrosis, artritis u otras patologías reumáticas describen un aumento del dolor y la rigidez cuando el clima es húmedo o cuando se producen cambios bruscos de temperatura.

Uno de los factores más estudiados es el cambio en la presión atmosférica, que suele descender antes de lluvias o en ambientes muy húmedos. De hecho, es relativamente habitual que algunos pacientes refieran que “presienten” la lluvia. Esto ocurre porque la bajada de presión se produce antes del cambio meteorológico visible.

El Dr. Acosta señala que cuando la presión externa disminuye, se genera una menor compresión sobre los tejidos corporales. En articulaciones previamente dañadas por desgaste del cartílago, inflamación crónica o alteraciones de la membrana sinovial estos cambios pueden provocar pequeñas variaciones en la presión intraarticular y en la distensión de las estructuras que rodean la articulación.

Las articulaciones afectadas por enfermedades reumáticas presentan mayor sensibilidad debido a cambios estructurales e inflamatorios y a una activación más intensa de las terminaciones nerviosas del dolor. En ese contexto, incluso modificaciones leves en presión o temperatura pueden amplificar la señal dolorosa y aumentar la sensación de rigidez. Por ello, algunos pacientes pueden experimentar un incremento de síntomas e incluso coincidir con periodos de mayor actividad clínica si existe una base inflamatoria previa.

En definitiva, el clima no genera la enfermedad, pero puede hacer más sintomáticas articulaciones que ya están afectadas.

¿Qué ocurre con el calor intenso y esos dolores?
El calor moderado suele tener un efecto beneficioso, ya que relaja la musculatura y mejora la elasticidad de los tejidos. Sin embargo, el calor extremo puede generar fatiga, deshidratación y alteraciones del sueño, factores que influyen directamente en la percepción del dolor.

Además, en pacientes con enfermedades inflamatorias sistémicas, las altas temperaturas pueden aumentar la sensación de agotamiento, lo que indirectamente contribuye a una peor tolerancia al dolor.

El reumatólogo ofrece consejos prácticos para manejar el dolor en momentos de cambios climáticos. Según el especialista, lo fundamental es mantener la regularidad del tratamiento indicado y no modificar la medicación sin supervisión médica.

Para aliviar el dolor y mejorar la calidad de vida, se recomienda mantener una temperatura corporal estable, evitando exposición prolongada a frío húmedo o calor extremo. Además, realizar ejercicio físico suave y regular, como caminar, ejercicios de movilidad o natación en agua templada, puede ayudar a reducir la rigidez y mejorar la función articular.

Otras medidas útiles incluyen aplicar calor local seco en caso de rigidez, mantener una adecuada hidratación, especialmente en verano, y cuidar el descanso nocturno, ya que el sueño influye directamente en la modulación del dolor. Ante síntomas persistentes, es importante consultar con un especialista para diferenciar entre una reagudización sintomática y un brote inflamatorio real.

Estas recomendaciones pueden ayudar a los pacientes a manejar el dolor y mejorar su calidad de vida, pero es fundamental seguir el tratamiento indicado por un profesional de la salud.

Finalmente Acosta refiere que el clima puede influir en cómo percibimos el dolor, pero no debe generar alarma ni sensación de falta de control sobre la enfermedad ya que son procesos complejos en los que intervienen múltiples factores: inflamación, estado muscular, calidad del sueño, estrés y adherencia al tratamiento. La clave sigue siendo el seguimiento médico regular, el ejercicio adaptado y el autocuidado.

Escuchar al cuerpo es importante, pero también lo es comprender que los cambios meteorológicos pueden modular los síntomas sin que ello implique necesariamente un empeoramiento estructural de la enfermedad. Con información adecuada y un manejo integral, es posible mantener una buena calidad de vida en cualquier estación del año.