

Miércoles 23 de setiembre de 2026 - 11.47 horas
La esteatosis hepática, conocida popularmente como hígado graso, se produce cuando se acumula una cantidad excesiva de grasa en el hígado.
“Muchas veces aparece asociada al sobrepeso, la obesidad, la diabetes, los triglicéridos elevados, alteraciones del colesterol y otros problemas metabólicos” explicó el Lic. Daniel Ferreira, nutricionista del Departamento de Programas de Salud.
A partir del diagnóstico surge una de las preguntas más frecuentes en la consulta: “Licenciado, me dijeron que tengo grasa en el hígado… ¿ahora qué puedo comer?”
La buena noticia es que los hábitos alimentarios pueden modificarse y generar un impacto importante en el cuidado de la salud.
¿Es necesario hacer una dieta estricta?
No necesariamente.
“El objetivo no es vivir comiendo solamente ensalada, pollo hervido o alimentos que no nos gustan. La alimentación debe ser saludable, pero también rica, práctica y adaptada a la vida cotidiana del paciente” señaló el Lic. Ferreira.
Esto significa que es posible seguir disfrutando de las comidas caseras, incorporando cambios en las cantidades, las preparaciones y la frecuencia de determinados alimentos.
Algunas opciones pueden ser:
- Carne magra con mandioca y una buena ensalada.
- Pollo al horno con arroz y vegetales.
- Pescado con puré y ensalada.
- Guiso de lentejas con carne y verduras.
- Tallarines con salsa casera, carne y vegetales, cuidando la porción.
- Omelette con verduras acompañado de una ensalada.
- Frutas como opción de postre o merienda.
¿Qué conviene disminuir?
El profesional recomienda prestar especial atención al consumo frecuente de gaseosas, jugos azucarados, bebidas muy dulces, exceso de azúcar, frituras, productos ultra procesados, embutidos y preparaciones con grandes cantidades de grasa.
También es importante considerar el consumo de bebidas alcohólicas.
“Las bebidas alcohólicas pueden afectar al hígado y su consumo debe ser evaluado según la situación de cada paciente” señaló.
En este sentido, el nutricionista destaca que no existe una única alimentación que pueda aplicarse de la misma manera a todas las personas.
“Existe un factor sumamente importante: no sirve entregar una lista perfecta de alimentos si esa lista no tiene nada que ver con la persona que tenemos enfrente. Primero debemos conocer cómo come el paciente” explicó.
Conocer al paciente para orientar mejor
Durante la consulta nutricional se realiza una anamnesis alimentaria, que permite conocer los hábitos y las características de la alimentación de cada persona.
“Preguntamos qué desayuna, qué almuerza, qué suele cenar, qué toma durante el día, si consume gaseosas, alcohol, dulces o frituras, cuáles son sus horarios y, por supuesto, qué alimentos le gustan y cuáles no” detalló el profesional.
Una de las herramientas utilizadas es el recordatorio de 24 horas, mediante el cual se repasa lo que la persona consumió durante el día anterior. Esta información permite al profesional conocer con mayor precisión sus hábitos y detectar aspectos que pueden ser modificados.
Cambios que puedan sostenerse en el tiempo
¿Por qué los profesionales realizan tantas preguntas antes de indicar cambios en la alimentación?
“El verdadero trabajo del nutricionista es encontrar cambios que el paciente realmente pueda mantener. Porque decir simplemente ‘No comas esto’ o ‘Comé aquello’ es fácil de indicar, pero difícil de aplicar en el día a día” manifestó el Lic. Ferreira.
Por eso, una alimentación saludable no necesariamente implica eliminar los alimentos habituales de una persona.
“Si una persona está acostumbrada a comer mandioca, arroz, carne, guisos o comidas tradicionales, no necesariamente debemos eliminar todos estos alimentos. Podemos trabajar con esos mismos alimentos, modificando cantidades, frecuencia, combinaciones y formas de preparación” expresó.
No todo pasa por la alimentación
El cuidado de la salud también incluye mantener una vida activa.
“Moverse más también importa. Caminar, andar en bicicleta, realizar ejercicios de fuerza o practicar alguna actividad que la persona disfrute puede ayudar a disminuir la grasa acumulada en el hígado y mejorar la salud metabólica” indicó.
En el Instituto de Previsión Social (IPS), el abordaje nutricional busca conocer al paciente de manera integral, teniendo en cuenta sus hábitos, su estado nutricional y su realidad, para establecer objetivos posibles y sostenibles, según explicó el nutricionista del Departamento de Programas de Salud, dependiente de la Dirección de Medicina Preventiva.
“No buscamos una dieta perfecta durante una semana. Buscamos una alimentación que la persona pueda sostener durante años, porque cuidar el hígado no significa dejar de disfrutar de la comida” concluyó.
La alimentación saludable no se trata de dejar de comer, sino de aprender a elegir mejor, encontrar un equilibrio y construir hábitos que puedan acompañarnos todos los días.

