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¿Cuándo es necesario un trasplante de médula ósea? Todo lo que necesitas saber

Lunes 24 de agosto de 2026 - 10.34 horas


Desde 1995 hasta la fecha, el Hospital Central del Instituto de Previsión Social (HCIPS) registra 424 trasplantes de médula ósea. Durante este año, el Departamento de Hematología alcanzó los 41 trasplantes.


Aunque estas cifras pueden parecer reducidas frente a la cantidad de pacientes que reciben atención hematológica, reflejan en realidad la evolución de los tratamientos disponibles para las diferentes enfermedades de la sangre. Actualmente, el trasplante de médula ósea no constituye la única alternativa terapéutica para los pacientes hematológicos, y su indicación depende de múltiples factores.

La Dra. Lidiane Andino Neves, Jefa del Departamento de Hematología del Hospital Central del IPS, explica que recibir un diagnóstico de leucemia u otra enfermedad hematológica no significa necesariamente que el paciente deba ser sometido a un trasplante.

“Para que un paciente vaya a un trasplante se necesita obtener un control de la enfermedad luego de un protocolo de tratamiento. No todas las leucemias agudas tienen criterio de trasplante en el primer control de la enfermedad o primera remisión”.

La especialista señala que existen criterios internacionales establecidos para determinar las indicaciones de trasplante, basados en evidencia y en los resultados esperados para cada paciente.

“Algunos pacientes van directamente al trasplante una vez controlada la enfermedad, mientras que otros diagnósticos no requieren trasplante como primera estrategia de consolidación de la respuesta”, explica.

¿Qué factores determinan la necesidad de un trasplante?
La decisión de realizar un trasplante es el resultado de un proceso diagnóstico y terapéutico complejo. En Hematología, el abordaje es necesariamente multidisciplinario, con el objetivo de alcanzar un diagnóstico preciso y, a partir de este, establecer un tratamiento personalizado de acuerdo con los protocolos vigentes.

“Intervienen diferentes profesionales de la salud, desde el médico clínico hasta el laboratorio, que es esencial, con la participación de bioquímicos, hematólogos especializados en citomorfología, patólogos, entre otros”, explica la Dra. Andino.
Los estudios de imágenes también constituyen un componente fundamental tanto para el diagnóstico como para la estadificación de las enfermedades.

Asimismo, los aspirados y las biopsias de médula ósea son procedimientos fundamentales en el diagnóstico hematológico y son realizados por hematólogos. En determinadas situaciones también participan cirujanos, particularmente para la realización de colocación de catéteres, biopsias ganglionares o tumorales.

A esto se suman estudios especializados como la anatomía patológica, inmunohistoquímica, citogenética convencional, FISH, biología molecular y citometría de flujo.

“La medicina personalizada requiere hoy de un espectro amplio de estudios mucho más profundos y específicos”.
El Departamento de Hematología cuenta con Citometría de Flujo, una herramienta que permite estudiar las diferentes poblaciones celulares y contribuir a la confirmación del diagnóstico establecido mediante el estudio morfológico de las células sanguíneas.

La importancia de este proceso radica en que un diagnóstico preciso permite establecer un tratamiento personalizado, lo que puede contribuir a mejorar el pronóstico y la calidad de vida del paciente.

Un diagnóstico de leucemia no significa automáticamente un trasplante
Uno de los principales conceptos que la especialista considera necesario aclarar es que el diagnóstico de una enfermedad hematológica grave no implica automáticamente la indicación de un trasplante de médula ósea.

“Muchas personas, entre pacientes y familiares, creen que al recibir el diagnóstico de una leucemia aguda o un mieloma múltiple ya se debe hacer un trasplante de médula ósea, pero no es así”.

La indicación depende del tipo de enfermedad, sus características biológicas, la respuesta obtenida con el tratamiento, el estado clínico del paciente y otros factores que son evaluados por el equipo especializado.

El trasplante de médula ósea no es una cirugía
Otro concepto que suele generar confusión es la propia naturaleza del procedimiento.
La Dra. Andino aclara que el trasplante de médula ósea no es una intervención quirúrgica como ocurre con el trasplante de órganos sólidos.

“El trasplante de médula ósea, a diferencia de lo que mucha gente piensa, no es una intervención quirúrgica. No es como el trasplante de órganos, como el riñón, que se extrae quirúrgicamente de un cuerpo y se coloca en el receptor”.

En el trasplante hematopoyético lo que se administra son células madre o progenitoras hematopoyéticas, que pueden proceder del propio paciente o de un donante.

En muchos casos, estas células son obtenidas mediante un procedimiento denominado aféresis, utilizando un acceso vascular adecuado.

Antes de recibir las células, el paciente atraviesa un tratamiento de acondicionamiento, que puede incluir quimioterapia intensiva, con el objetivo de controlar o eliminar la enfermedad residual y preparar al organismo para recibir las células hematopoyéticas.

De acuerdo con el origen de las células, existen dos modalidades principales:

  • Trasplante autólogo: las células madre proceden del propio paciente. 
  • Trasplante alogénico: las células proceden de un donante compatible. 

Primero se controla la enfermedad; luego se evalúa el trasplante
La Dra. Andino enfatiza que el trasplante generalmente no constituye la primera línea de tratamiento, sino que puede utilizarse como estrategia de consolidación una vez alcanzada una respuesta adecuada.

“No se habla de trasplante como primera línea de tratamiento. El trasplante viene para consolidar una buena respuesta que se consiguió con un tratamiento. Primero se tiene que controlar la enfermedad para luego ir al trasplante”.

¿Cómo se determina que la enfermedad está controlada?
El paciente recibe inicialmente el tratamiento indicado según su diagnóstico y las características de la enfermedad. Posteriormente se realizan evaluaciones para determinar la respuesta obtenida.

“El paciente recibe el diagnóstico y, según las características, se opta por un tratamiento. Luego de cuatro a seis meses de terapia se hacen las evaluaciones. Si se constata que la enfermedad está controlada, entonces ahí sí el paciente puede pasar al siguiente nivel, que sería el trasplante de médula ósea”.

Por esta razón, la evaluación para un trasplante es individualizada y requiere un seguimiento estrecho por parte del equipo de Hematología.

¿Quién puede ser donante de médula ósea?
Los potenciales donantes pueden encontrarse inicialmente dentro del grupo familiar. Para ello se realiza la búsqueda de compatibilidad, particularmente entre hermanos y otros familiares.

El donante debe ser una persona que reúna las condiciones requeridas, acepte voluntariamente la donación y resulte compatible con el paciente.

Sin embargo, no todos los pacientes encuentran un donante compatible dentro de su familia. Por este motivo existen registros nacionales e internacionales de donantes.

“A veces ese enfermo con diagnóstico de leucemia aguda que necesita un trasplante no tiene ese donante en su seno familiar. Y a lo mejor un desconocido tiene la compatibilidad y le puede donar”.

Según lo señalado por la Dra. Andino, Paraguay cuenta con aproximadamente 1.500 personas registradas como potenciales donantes de médula ósea, dentro del Registro Nacional de Donantes de Médula Ósea, coordinado por el Instituto Nacional de Ablación y Trasplante (INAT).

Los datos de los donantes, incluidos los estudios de compatibilidad HLA, son incorporados a una base de datos que permite realizar búsquedas de compatibilidad.

Este sistema posibilitó que Paraguay se incorporara a una red internacional de búsqueda de donantes, ampliando las posibilidades de encontrar un donante compatible cuando no existe uno dentro del entorno familiar.

Sin embargo, la búsqueda y traslado de células desde otros países implica una logística compleja y costos que pueden ser elevados.

La importancia de aumentar el número de donantes
Para la Dra. Andino, uno de los desafíos es aumentar la cantidad de personas que se incorporen al registro de donantes.

La especialista considera fundamental generar mayor conciencia en la población y fortalecer las campañas de información sobre la donación de células progenitoras hematopoyéticas.

“La población debe entender que en este caso no es sacarle ningún órgano. Las células donadas no le van a hacer falta, porque la médula ósea es capaz de volver a fabricar las células que donó”.

La información adecuada es fundamental para combatir los temores y mitos relacionados con la donación y favorecer una mayor participación de la ciudadanía.

¿Qué ocurre después del trasplante?
El trasplante no representa el final del tratamiento. Por el contrario, marca el comienzo de una etapa que requiere seguimiento médico estrecho y controles periódicos.

En enfermedades como el mieloma múltiple, después del trasplante autólogo el paciente permanece bajo observación y seguimiento cercano por parte del equipo de trasplante.

Posteriormente, aproximadamente a los tres meses, vuelve con su médico tratante para realizar una nueva evaluación de la enfermedad y determinar el nivel de respuesta alcanzado.

A partir de esa evaluación puede establecerse una estrategia de mantenimiento.

“El paciente se trasplanta y, aproximadamente a los tres meses, pasa nuevamente con su médico tratante. Allí inicia un mantenimiento, que consiste en la administración de determinados medicamentos para mantener la enfermedad controlada y reducir el riesgo de recaída”.

En el caso de las leucemias tratadas mediante trasplante alogénico, el paciente requiere medicamentos inmunosupresores para prevenir y controlar las complicaciones relacionadas con la respuesta inmunológica del organismo frente a las células del donante.

En el trasplante autólogo, al utilizarse células del propio paciente, no existe el mismo riesgo de rechazo inmunológico asociado a las células de un donante.

El IPS como Centro de Referencia Nacional
El Hospital Central del Instituto de Previsión Social constituye actualmente un centro de referencia nacional para la realización de trasplantes de médula ósea en pacientes adultos.

La Dra. Andino destaca además la existencia de un Convenio Interinstitucional con el Ministerio de Salud Pública y Bienestar Social, que permite que pacientes no asegurados puedan acceder al trasplante en el HCIPS bajo determinadas condiciones y mediante el proceso administrativo correspondiente.

En estos casos, el paciente es tratado inicialmente dentro del sistema público de salud. El médico tratante y la institución correspondiente realizan las gestiones ante el INAT, iniciándose posteriormente un proceso de evaluación y autorización.

Una vez cumplidos los requisitos, el paciente puede ser derivado al HCIPS para la realización del trasplante y su seguimiento.
Este mecanismo permite ampliar el acceso a un tratamiento de alta complejidad y aprovechar la capacidad instalada y la experiencia acumulada del equipo especializado del IPS.

El trasplante es una decisión médica individualizada
La evolución de la Hematología ha permitido disponer actualmente de múltiples alternativas terapéuticas, por lo que no todos los pacientes con leucemia, mieloma u otras enfermedades hematológicas necesitan un trasplante de médula ósea.
La indicación surge de un proceso que integra diagnóstico, estudios especializados, respuesta al tratamiento, características biológicas de la enfermedad y condiciones clínicas del paciente.

Detrás de cada trasplante existe, por lo tanto, un largo camino de diagnóstico preciso, tratamiento especializado, evaluación multidisciplinaria, selección del paciente, búsqueda de un donante cuando corresponde y seguimiento posterior.

Y detrás de cada uno de esos procesos existe un equipo de profesionales que trabaja con un objetivo común: ofrecer al paciente la alternativa terapéutica más adecuada y la mejor oportunidad posible de controlar su enfermedad y mejorar su calidad de vida.