Miércoles 4 de marzo 2026 - 18.09 hs.
Ante el creciente aumento de casos de hipertensión en personas jóvenes, el Servicio de Cardiología del Hospital Central del Instituto de Previsión Social, advierte sobre la importancia del tratamiento médico no farmacológico como herramienta fundamental para prevenir complicaciones cardiovasculares a largo plazo.
El Dr. Eduardo Caballero, jefe del Servicio de Cardiología, señaló que cada vez es más frecuente el diagnóstico de presión arterial elevada en adultos jóvenes, principalmente asociado a obesidad, sedentarismo, consumo excesivo de sal y alcohol, y hábitos de vida poco saludables.
“El tratamiento no farmacológico es la base del manejo de la hipertensión, especialmente en pacientes jóvenes. En muchos casos, una intervención oportuna sobre los factores de riesgo puede evitar la progresión de la enfermedad e incluso retrasar la necesidad de medicación”, explicó el especialista.
Alimentación y presión arterial
El Dr. Caballero destacó que los componentes de la dieta influyen directamente en los niveles de presión arterial. Entre los principales factores se encuentran el sobrepeso y la obesidad, el consumo elevado de sodio y una dieta pobre en potasio, calcio, magnesio, proteína vegetal, fibra y grasas saludables como las provenientes del pescado.
En relación al sodio, recordó que el objetivo ideal es consumir menos de 1500 mg al día, o al menos reducir 1000 mg diarios en la mayoría de los adultos. “Una sola cucharadita de sal contiene 2325 mg de sodio y una cucharada de salsa de soja aporta aproximadamente 1000 mg. El exceso de sodio se asocia de manera independiente con mayor riesgo de accidente cerebrovascular, aun en personas que no presentan hipertensión diagnosticada”, puntualizó.
Asimismo, explicó el concepto de sensibilidad a la sal, un rasgo en el cual el aumento en la ingesta de sodio produce una elevación desproporcionada de la presión arterial, fenómeno más frecuente en adultos mayores y en personas con comorbilidades como enfermedad renal crónica, diabetes o síndrome metabólico.
En cuanto al potasio, señaló que su ingesta adecuada se relaciona de forma inversa con la presión arterial. “Un mayor consumo de potasio atenúa el efecto del sodio. Se recomienda una ingesta de entre 3500 y 5000 mg diarios, preferentemente a través de la alimentación”, indicó.
Una dieta rica en potasio puede contribuir a reducir aproximadamente 2 mmHg en personas normotensas y entre 4 a 5 mmHg en pacientes hipertensos. Alimentos como tomate, banana, naranja, ajo, salmón y carnes magras aportan cantidades significativas de este mineral.
Además, recomendó adoptar un plan alimentario cardiosaludable como la dieta DASH, basada en frutas, verduras y lácteos descremados. “En adultos hipertensos, este tipo de alimentación puede reducir la presión arterial hasta 11 mmHg, y en no hipertensos alrededor de 3 mmHg”, afirmó.
Actividad física y control de peso
El especialista remarcó que existe una relación inversa entre actividad física y niveles de presión arterial. Programas estructurados de ejercicio aeróbico de 90 a 150 minutos por semana pueden disminuir la presión sistólica entre 2 y 4 mmHg en normotensos y entre 5 y 8 mmHg en hipertensos.
“Está demostrado que incluso niveles modestos de actividad física reducen el riesgo de desarrollar hipertensión. El ejercicio aeróbico, el entrenamiento de fuerza y los ejercicios isométricos generan beneficios sostenidos en el tiempo”, sostuvo.
En cuanto al peso corporal, recordó que se estima una reducción aproximada de 1 mmHg de presión arterial por cada kilogramo de peso perdido en personas con sobrepeso u obesidad.
Alcohol, café y medicamentos de uso común
Respecto al consumo de alcohol, el Dr. Caballero advirtió que existe una relación directa entre ingesta excesiva y elevación de la presión arterial, especialmente por encima de tres bebidas estándar al día. “El abuso de alcohol eleva la presión arterial. Si una persona no consume alcohol, no se recomienda iniciar el hábito”, subrayó.
Sobre la cafeína, indicó que puede producir aumentos agudos de la presión arterial, aunque el consumo habitual moderado no se asocia con un incremento sostenido del riesgo cardiovascular. Se recomienda no superar los 300 mg diarios.
Finalmente, alertó sobre el uso de descongestionantes presentes en antigripales, como la fenilefrina y la pseudoefedrina, que deben utilizarse por el menor tiempo posible y evitarse en pacientes con hipertensión grave o no controlada.
Prevención desde edades tempranas
“El mensaje para la población joven es claro: la hipertensión se puede prevenir y controlar. Adoptar hábitos saludables desde edades tempranas reduce significativamente el riesgo de complicaciones como el infarto o el accidente cerebrovascular”, concluyó el jefe del Servicio de Cardiología.
Desde el Hospital Central del IPS instan a realizar controles periódicos de presión arterial y a priorizar estilos de vida saludables como estrategia clave para frenar el avance de la hipertensión en personas cada vez más jóvenes.

